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El pecado

El  mundo oscila entre generación y generación de un extremo a otro.

En un tiempo generacional todo se considera pecado y la humanidad se vuelve mojigata, hipócrita, ignorante y miedosa; pero no quiere decir que deje de pecar.  Como solución a esta situación, en la siguiente generación se pasa al otro extremo, entonces nada es pecado y la raza humana se deprava, no tiene principios morales, se deshumaniza, etc., tal como nos encontramos en estos momentos a nivel mundial. 

El término pecado se asocia, por tanto, con lo malo, defectuoso, inadecuado, impropio;  usándose expresiones como ¡qué pecado, se cayó! ¡qué pecado, está ciego! ¡qué pecado, no sabe leer!, pues les puedo contar que de acuerdo al texto bíblico, nada de esto es pecado, ya que etimológicamente significa errar al blanco, no atinar. Entonces ¿qué estamos haciendo? Usando las palabras equivocadamente por falta de conocimiento.

El vocablo, pecado, es fundamentalmente bíblico y se utiliza cuando se desobedece a Dios. Quien hace lo contrario de lo que Dios ha dicho, peca.  Por esto, para saber qué es pecado, debemos conocer qué ha dicho Dios.  Como consecuencia se genera que todo pecado es mortal, porque se relaciona directamente con los mandatos de Dios (La paga del pecado es muerte. Romanos 6.23).

No hay pecados veniales, sino consecuencias diferentes, no se empata si se reza, ni existe otro tipo de solución como rezos, esfuerzos, sacrificios, etc., ya que ninguna de estas posibilidades devuelve la vida que se perdió como consecuencia del pecado.

Todo ser humano nace pecador y muerto, por tanto peca, contrario a lo que se cree, porque pecamos somos pecadores, pues no es así,  es todo lo contrario, como nacemos siendo pecadores es que pecamos.  El pecado es una condición en la cual llegamos todas las personas al mundo, y también, con su paga la muerte porque la paga del pecado es muerte.

Dios ha establecido qué debemos y qué no debemos hacer, motivado por el amor que nos tiene, por eso, desobedecer a Dios nos perjudica y nos hace daño.  Dios quiere el bienestar del ser humano.  Su sabiduría, amor, justicia y el hecho de conocernos plenamente por habernos creado.

La solución al pecado es doble.  Por una parte se debe saber de la condición en la que nacen todos los seres humanos (pecadores, muertos y condenados) y recuperar la vida para siempre, lo cual se logra por medio de creer en la muerte y resurrección del Señor Jesucristo.  La segunda parte corresponde al apartarse del pecado, que también se obtiene obedeciendo al Señor Jesucristo.  ¡Ojo! no se deja de ser pecador cuando creemos en Él, pero, sí tenemos la capacidad de decirle no al pecado.

Concluyendo, todo esto se alcanza conociendo al Cristo Bíblico, relacionándose personalmente con Él, una relación viva, personal e histórica. (Juan 3,16 – 18).

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